Ecos de la Saga

Destellos del mundo que te espera dentro de la historia.

Los emisarios de luz llegaron a la Tierra hace milenios y, por una paradoja del destino, quedaron atrapados en cuerpos humanos.

Con el pasar de los siglos, se convirtieron en puentes entre dos mundos, guardianes silenciosos de un conocimiento que aún busca despertar.

En esta sección, te invitamos a leer adelantos exclusivos, cortos párrafos de los  próximos libros. Descubre emociones profundas que conectan con la esencia de la vida.

© 2024 Marie Pouvet® 

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Cuando las luces regresan 

Las doce luces regresaron sin estruendo, como todo lo esencial.
No descendieron para imponerse, sino para recordar.

Atravesaron el velo del espacio trayendo consigo ecos del pasado, memorias antiguas que aún vibraban en la piedra, en el agua y en la sangre de la Tierra. Cada luz conocía el nombre de las sombras, no para nombrarlas de nuevo, sino para disolverlas con su presencia serena.

El cielo guardó silencio mientras llegaban. Un silencio fecundo, tejido también con los futuros que aún no existen. Allí, entre lo que fue y lo que todavía espera, las doce luces se alinearon como un acuerdo antiguo que por fin se cumple.

No anunciaron castigos ni promesas. Anunciaron responsabilidad.
Recordaron a la humanidad que las sombras no se combaten, se atraviesan; que no se huye de ellas, se aprende a salir con los ojos abiertos.

Las luces hablaron del Gran Concierto Universal: una sinfonía inconclusa que no pertenece a ningún mundo en solitario. Cada gesto de conciencia, cada acto de cuidado, cada logro nacido del respeto, añade una nota más a esa música que viaja por el cosmos.

La Tierra fue invitada, no forzada, a afinar su voz.
A recordar que también es instrumento, también es creadora de armonía.

Y mientras las doce luces permanecían en lo alto, no iluminando desde arriba sino acompañando desde dentro, quedó claro que el regreso no era un final. Era una entrada.
La entrada definitiva en una obra mayor, donde salir de las sombras no es un destino, sino una elección sostenida, nota a nota, eternamente.

© 2026 Marie Pouvet® 

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Volviendo al cuerpo

Persona alguna supo explicar por qué aquella noche el glaciar se volvió tan silencioso. Pero algo antiguo estaba ocurriendo: una vibración que no pertenecía al tiempo humano, un llamado que venía de más lejos que las estrellas. Doce luces cruzaron el velo, recordando al fin el camino de vuelta. Sobre la nieve, sus cuerpos terrenales aguardaban como puertas entreabiertas. Y mientras el cielo parecía contener el aliento, cada luz tomó su lugar, no para huir del mundo, sino para regresar a él con una misión nueva: despertar, acompañar y preparar la paz que estaba por llegar. Porque el regreso —largamente prometido— ya no podía detenerse.

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La promesa del nuevo mundo

No fue un despertar brusco, sino una claridad suave que se abrió paso sin ruido. Aquella vibración antigua, la misma que un día los trajo a la Tierra, volvió a moverse; pero esta vez no para advertir, sino para anunciar. El regreso ya no hablaba de portales cerrados ni de destinos interrumpidos, sino de un pacto de luz que había esperado milenios.

Y ahora, por fin, ese momento llegaba: un giro luminoso empezaba a desplegarse sobre la humanidad, casi imperceptible al principio, como un amanecer silencioso que nadie nota hasta que ya ha transformado el cielo por completo. Era la señal profunda de que un nuevo tiempo se acercaba, un tiempo de claridad, de memoria y de paz.

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Cuando algo despierta

Ninguno entendió por qué aquella noche de invierno el glaciar pareció contener la respiración. Pero Marie y Alejandra sí lo sintieron: un llamado que no venía de este tiempo ni de esta Tierra. Era la misma vibración que miles de años atrás había traído a ciertos seres de luz hasta aquí, y la misma que durante siglos había permanecido dormida en sus cuerpos humanos. Por primera vez, algo en el tejido del espacio cedió: un instante suficiente, un susurro entre mundos. Y en ese breve silencio, doce luces reconocieron su origen y recordaron que el regreso —nunca cancelado— había comenzado.

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Hace Miles de Años

Una luz brillante y cegadora apareció repentinamente en el horizonte, expandiéndose rápida sobre el gran paisaje desértico. Era como si el mismo sol hubiera descendido a la tierra, irradiando una luminosidad que desdibujaba las sombras y borraba el aspecto de las dunas.

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El Eco del Silencio

Un hombre en los días previos a su último viaje
había hablado con esa calma que solo poseen los que ya miran más allá del velo.
Sus palabras, simples y luminosas, quedaron suspendidas en el aire,
como si el tiempo mismo se inclinara para escucharlas.

"Busquen la paz dentro de ustedes.
Allí, en ese silencio que no teme a nada,
hallarán todas las respuestas".

Desde entonces, aquella voz seguía resonando en sus corazones,
mezclando el pesar de la ausencia con el asombro de la verdad revelada.
Comprendieron que no se trataba de una enseñanza más, sino de una llave,
una puerta invisible que solamente podía abrirse hacia adentro.

Y fue así como iniciaron las reuniones de meditación:
no como un ritual aprendido,
sino como un regreso a la memoria del alma.
Cada silencio compartido era un viaje,
cada respiración, una forma de recordar
lo que siempre había estado esperando ser escuchado.

© 2025 Marie Pouvet®

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Bajo el Árbol de la Sabiduría

Mientras cerraba los ojos, la paz que la envolvía la llevó a un viaje interno. Cada recuerdo era una pieza del rompecabezas que formaba su existencia.

. "Todo lo que buscas está en ti. La sabiduría no reside únicamente en libros o maestros, sino en la conexión con tu esencia. La vida es un tejido de experiencias; cada hilo, una lección que te acerca a la verdad de tu ser".

 Era el amor universal que había olvidado reconocer. "Eres parte de algo más grande", continuó la voz, "un ser divino en un viaje, aquí para aprender, amar y crecer".

© 2024 Marie Pouvet® 

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Dos  Mujeres en una Odisea Espiritual

Estos escritos narran una fascinante odisea espiritual que abarca la vida de dos mujeres. Las experiencias espirituales extraordinarias no solo enriquecen la comprensión del mundo y de sí mismos, sino que también trazan un recorrido detallado desde la adolescencia hasta el ocaso de sus vidas. Las historias contenidas en el libro exploran temas de crecimiento personal, fe, transformación y la exploración de lo desconocido.

Desde jóvenes, Marie y Alejandra emprendieron un mismo camino: la búsqueda incansable de su propia verdad. Unidas por una curiosidad que nunca se apaga, recorren el mundo siguiendo intuiciones más que mapas, guiadas por señales que solo ellas parecen comprender. A veces, para desconcierto de sus familias, parten sin explicar adónde van, pero siempre regresan con algo que trasciende las palabras: fragmentos de sentido, destellos de luz, y la certeza de que la verdad no se encuentra, se revela.

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Mensaje de las Estrellas

Durante siglos, la humanidad ha mirado al cielo con una mezcla de asombro y escepticismo, pero ya está pronta la hora de que el velo que cubre lo desconocido sea finalmente levantado.

Y así, cuando nuestros viajeros cósmicos regresen, su presencia será imposible de ignorar. Cuantos medios existan estarán en una frenética carrera por transmitir cada detalle de su llegada.

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Los hielos también hablan

“…reportes simultáneos llegan desde varios puntos del planeta. En el desierto de Atacama, testigos aseguran haber visto luces plateadas moverse entre los cerros, acompañadas de sonidos inexplicables. En la selva amazónica, comunidades indígenas describen sueños colectivos en los que ríos y árboles cantaban. En las costas de Islandia, pescadores narran que el mar comenzó a vibrar como un tambor durante la noche. Lo mismo se repite en ciudades de Asia y África: personas que nunca se han visto relatan las mismas visiones de auroras descendiendo sobre las montañas…”

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Las Señales

Mientras tanto, la moderna ciudad  vibraba. Las lámparas oscilaban, las torres de cristal emitían una nota grave que hacía temblar el aire. En las aldeas, los ancianos miraban el cielo y veían auroras en pleno día.
Algunos decían que eran señales; otros, que el hielo estaba soñando.—Están registrando el suceso —dijo con voz ronca un guardián—. Cada palabra que pronunciamos queda guardada.

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La Sinfonía del Universo


La sinfonía del universo no puede sostener una nota infinita sin perder el pulso.
Así, cuando el siglo XXXII abrió los ojos, una vibración nueva —leve, pero insistente— cruzó el tejido del mundo.

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Un largo peregrinar

En un mundo que corre sin mirar atrás, Marie y Alejandra caminan despacio.
No buscan destinos, buscan resonancias.
Han aprendido que las almas afines no se encuentran por casualidad: se reconocen.

Cada paso es un eco, cada mirada, una señal antigua que vuelve.
A veces llegan vestidas de silencio, otras, de una palabra que enciende algo olvidado.
Y cuando eso ocurre, saben que no están solas.

Porque el alma —en su largo peregrinar— siempre termina regresando a quienes vibran en su misma frecuencia, aunque el tiempo y la distancia jueguen a esconderlas.

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La Materia También Canta

Hubo un tiempo en que el silencio era solo ausencia.
La humanidad miraba al cielo con ojos llenos de distancia, convencida de que el misterio vivía afuera, en regiones que la luz apenas alcanza.
Y entonces, algo invisible tocó la superficie del mundo.
No llegó con señales, pero todos lo sintieron:
una vibración sutil, un eco antiguo,
como si la tierra, tras un silencio de eras,
recordara de pronto que también sabe cantar.
Fue un pulso leve, casi imperceptible,
que atravesó materia, memoria y respiración.
Y en ese instante, el silencio dejó de ser vacío
para convertirse en presencia,
en la puerta por donde lo invisible decide hacerse sentir.

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Los símbolos

El ser luminoso extendió una mano hecha de brillo. En su interior apareció una constelación de símbolos, flotando como pequeñas brasas. Las figuras se delinearon, cada una distinta: espirales, cruces, triángulos, círculos incompletos. Amaru reconoció algunos de ellos: eran los signos que los guardianes de otras tierras habían descrito en cartas secretas, mensajes transmitidos a lo largo de los siglos.

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